La conversión religiosa: Una aproximación desde la Psicología

-Saúl Sánchez López-

 

 

La religiosidad y su significado

De forma general es posible entender a la religión como el conjunto de creencias, dogmas y sentimientos acerca de la divinidad, que dan forma a una serie de  normas morales para la vida personal y social y a un conjunto de prácticas.

Sin embargo los psicólogos de la religión la han definido como la búsqueda de significado encaminado hacia lo sagrado. Un significado es aquello que le da un sentido a la vida. Se trata de una búsqueda pues la persona se ‘lanza’ a la aventura de elegir un camino de entre muchos para alcanzar éste significado. Lo sagrado se refiere a lo que es concebido como ‘lo supremo’: Dios, la divinidad, lo trascendente.

La formación que un ser humano recibe y hace suya, posteriormente constituye su sistema de valores. La formación religiosa contribuye al proceso de identidad y da un sentido a la vida; la religión y las convicciones religiosas constituyen uno de los elementos fundamentales de la persona, son expresión de la libertad y por tanto siempre merecen ser respetadas.

 La forma en cómo se vive la propia religión es lo que se conoce como religiosidad.

La religiosidad puede ser de dos tipos: Pasiva y Activa

La religiosidad pasiva es en la que la persona se identifica en uno o varios aspectos con una religión o fe, pero desempeña un doble rol: por un lado la persona cumple con las costumbres (actos de fe, ritos. etc.), sin embargo su orientación religiosa no trasciende en su vida, personal ni social (conductas, estilo de vida, etc.)

La religiosidad activa es aquella donde la persona construye una nueva concepción del mundo y un nuevo estilo de vida a partir de su fe. Este sujeto conoce lo que de acuerdo a su religión es bueno y malo, por lo que vive una moralidad -sus valores constituyen su vida, vive en razón de sus valores-.

 

La conversión religiosa[1]

La conversión religiosa es el proceso por el cual se asume una perspectiva teológica nueva,  o bien esta perspectiva teológica se reestructura adquiriendo una nueva forma. Evidentemente incluye un cambio de afiliación religiosa.

Significa que las ideas religiosas que antes eran poco relevantes en la vida del sujeto ahora pasan a primer plano.

La conversión religiosa puede resultar de un proceso prolongado, complejo, que incluye dudas, reflexiones e inquietudes; o bien puede ser un cambio súbito donde el ‘yo’ es transformado radicalmente.

La conversión religiosa puede ser de varios tipos:

Intelectual . La persona a través de la reflexión desarrolla una nueva concepción de lo divino y una nueva forma de relacionarse con esta deidad.

Mística. La persona tiene visiones, escucha voces o tiene una revelación que cambia su vida.

Experimental. La persona explora diferentes agrupaciones religiosas hasta que una la convence.

Afectiva. La persona se integra a un grupo religioso porque satisface sus necesidades de afecto.

Coercitiva. La persona cambia de religión por presión social.

 

Factores que predisponen a la conversión religiosa

Existen diversos factores y situaciones que  facilitan el que una persona decida cambiar su fe, si bien es cierto que muchas conversiones tienen motivos diferentes de los que continuación se presentan, comúnmente las motivaciones se ven reforzadas o acompañadas por estos factores; son varios de estos y no uno sólo los que confluyen para propiciar el cambio de religión.

 

Necesidades personales.

Es muy común que  la mayoría de las personas procuren la religión para atender sus necesidades personales y subjetivas; la relación establecida con Dios -divinidad, etc. – puede funcionar como un suplemento de la relación con los demás, el amor de un Dios padre por ejemplo es capaz no solo de suplir sino de rebasar el de un hombre (padre o madre); Dios desarrolla a menudo un papel de comodín en nuestra lista de carencias. Aquellas situaciones donde “fracasamos” se redirigen a una nueva meta: Dios, a quien concebimos de acuerdo a nuestros deseos.[2] Cuando una persona se convierte, este acto obedece entre otras cosas a necesidades emocionales que la nueva fe por una u otra razón ayuda a satisfacer.

Necesidades sociales. Cuando una persona ‘se encuentra’ con un grupo que no lo juzga, sino lo acepta a pesar de sus defectos, de su pasado, de su estilo de vida y de sus errores, es muy satisfactorio. Si se descubre un grupo donde se convive en armonía, donde se recibe cariño, un cariño que talvez hasta ése momento no se conocía, que quizá faltó en la familia, entonces difícilmente se desea alejarse del grupo. Cuando esas personas poco a poco se han ganado nuestra confianza y nuestro cariño se forma un nexo difícil de romper; la persona desea más y más esos sentimientos: sentirse amada, respetada, incluida…de esta forma la persona puede encaminarse a una conversión gradual donde el grupo -y no la fe en sí- satisface las necesidades de la persona.

Necesidades de sentido. Las personas a menudo pueden tener una vida que poco les satisface, monótona y en su opinión sin sentido, sin dirección. No se encuentra respuesta a los paraqués de la vida, falta un propósito y una motivación. La conversión religiosa puede bien, dar por primera vez un sentido -y el sentimiento de un sentido-, o bien reconstruir el sentido de vida de la persona. Dios, ayudar al prójimo, etc., la fe conduce a al persona hacia una meta suprema. “Convertirse entonces significa, apropiarse de un nuevo sentido de vida, y es precisamente la identidad religiosa la que le sirve al sujeto para encontrar ese nuevo sentido de vida”    

Necesidad de un cambio en el estilo de vida. Vivir la pobreza, la tensión y el desgaste de un clima familiar nada agradable, la carencia afectiva, la enfermedad de un ser querido, el desempleo, son situaciones que pueden deprimir y/o estresar a la persona, hacerla desgraciada. Una nueva religión conlleva a menudo nuevas costumbres, una nueva forma de organizar el tiempo, de ver la vida, implica conocer a nuevas personas y desarrollar nuevas actividades lo que trae consigo nuevas satisfacciones; esto aunado a un nuevo sentido de vida, crea un círculo virtuoso de satisfacciones, motivación y felicidad, que puede hacer maravillas por la persona, que logra entonces salir de aquél ambiente que le hacía infeliz.

Necesidad de seguridad y afecto. El sentimiento de aproximación a Dios produce un efecto tipo elixir; el sujeto puede sentirse invulnerable a las calamidades, puede sentir que tiene un destino, que es un sujeto único y especial así como única y especial es su relación privada con Dios, que nunca está sólo, que nunca está desamparado, que todo en su vida sucede por una razón, que no importando las desgracias al final todos los problemas en su vida se resolverán (“Dios proveerá”), que Dios lo ama y acepta a pesar de todo. Los sentimientos de debilidad, depresión, soledad, desgracia, se aminoran o incluso desaparecen. La persona al encontrar una fe nueva o una nueva forma de vivir su fe goza de estas experiencias revitalizantes.

Necesidad de una nueva identidad. Muchas veces estamos a disgusto con nosotros mismos, no nos aceptamos, no nos amamos, no creemos servir para nada ni que nuestra vida tenga un sentido o trascendencia. La forma en que nos auto-percibimos (autoconcepto) y nos auto-valoramos (autoestima) es lo que constituye nuestra identidad, cuando se opta por cambiar de religión y esta nueva religión es vivida de forma activa -con intensidad- entonces también se transforma la identidad. Ya no nos percibimos como desamparados, nuestra vida vida tiene un sentido, nos sentimos trascendentes y con una misión, nos sentimos únicos y especiales, sentimos que vale la pena vivir; no sólo sentimos que somos otro, realmente nos convertimos  en otro.

 

La familia.

La familia tiene para los sujetos un papel formador, transmite un patrimonio, unas costumbres, gustos, roles, una cosmovisión del mundo, normas sociales y morales, una “herencia” en la que la religión puede desempeñar un papel trascendental tanto al interior de la familia como en las relaciones con los demás. La familia media la relación entre la persona y la realidad, es a partir de la familia como el sujeto construye su representación particular del mundo.

Son muchas las formas e que la familia puede influir para que una persona decida convertirse, ante todo hay que remarcar que en el caso de los hijos por ejemplo, es durante la adolescencia que la frecuencia y la probabilidad de conversión religiosa aumenta dramáticamente como en ningún otro momento de la vida, esto da pauta para entender que la conversión religiosa también juega un papel en el desarrollo del ser humano hacia su madurez, denota deseos de independencia y búsqueda de una identidad propia.

Cuando una persona se convierte a una religión diferente a la que su familia profesa, y la familia valora -ya por tradición o por cualquier razón- mucho su fe, entonces puede entenderse que dicha conversión obedece a razones emocionales por parte del converso, el hijo no sólo rompe relación con la religión de la familia, está rompiendo con la propia familia -a través de la religión-, es una forma de desquite, una manera inconsciente de afirmarse abiertamente en contra de la familia, de las personas que la integran o la situación familiar que se vive; al mismo tiempo la nueva fe sirve de refugio, la persona se cobija con el grupo y Dios suple las carencias afectivas y personales que la familia por una u otra razón no fue capaz de suplir.

Si en vez de un hijo nos referimos a uno de los padres, la situación realmente no es tan diferente, aunque el rompimiento encubierto es más bien con el cónyuge, la religión sigue funcionando como refugio – entre otras cosas quizá también de las responsabilidades-.

 

Crisis  

Está ampliamente corroborado por la psicología de la religión que existe una relación directa y fuerte entre el fenómeno de la conversión religiosa y las crisis personales -intrapsíquicas, de relación con otras personas o de cualquier tipo-; el stress causado por las contingencias de la vida y las calamidades a menudo encuentra alivio en el descubrimiento de una nueva fe, la persona percibe de una forma positiva las desgracias haciéndose más y más inmune a las mismas, las relaciones sociales en el grupo religioso se fortalecen lo que ayuda a la persona a ser más relajada y aumentar su autoestima, en fin, los recursos personales del sujeto aumentan, de tal forma que se hace más capaz de combatir las vicisitudes de la vida sin desarrollar tanto stress. Además las crisis casi siempre tienen efectos de cambios importantes en la persona en todos los sentidos, las crisis a menudo nos llevan a desear un cambio en nuestra vida, o nos invitan a ver la vida desde otra perspectiva.

 

Decepción por la religión actual

Estos casos son los menos, pero una persona con una religiosidad activa que se desengaña de su fe, por que descubre en su ideología, dogma, o actos, algo que no corresponde con lo que sus sentimientos y pensamientos asumen como ‘bueno’, o bien cuando una persona descubre una religión que la satisface aún más que la anterior, es que se decide a cambiar su fe. Se entiende entonces que el motivo obedece dos causas de dimensiones diferentes, por un lado es la propia religión anterior quien ha propiciado que la persona se decida por otra religión, por otro lado es el propio crecimiento y maduración personal lo que fomenta la conversión.

 

Psicología del sujeto converso

Las consecuencias que trae consigo la conversión religiosa en la persona lo cambian de tal forma que podría afirmarse que psicológicamente se trata de un sujeto distinto; el poder de la conversión en este sentido es comparable con los resultados que pueden lograrse mediante la psicoterapia.

 

Cambios de personalidad

La persona conversa vive en un estado anímico exaltado que es reforzado por los compañeros de culto; existe en él una vitalidad y una resistencia que conllevan a una actitud heroica ante la vida. Lo que en palabras de James es un ‘segundo nacimiento’.

 

Cambios en el estilo de vida

La persona recién conversa debe adaptarse a una cierta dinámica de culto, esto a veces puede ser fácil, aunque a veces también implica situaciones más complejas como el cambiarse de residencia, salir a otro país de misiones, salir a profesar la fe en su comunidad, donar un porcentaje de su sueldo, etc. Es posible que deje de hacer actividades que antes hacía, como ejercicio, visitar amistades, asistir a fiestas, incluso trabajar, pues sus nuevas actividades le podrían absorber bastante tiempo, o bien podría haber cambiado de intereses y tener otras prioridades.

 

Cambio de cosmovisión

El fervor de la fe religiosa puede alterar a la persona con tal fuerza que la percepción muchas veces se ve afectada, las personas interpretan y dan significados nuevos a diversos sucesos y situaciones. Por ejemplo, puede darle un nuevo significado y sentido al sufrimiento humano de tal forma que las desgracias son vividas como una ‘prueba de fe’ que revitaliza a la persona, ’la hace más fuerte’. Pero también puede adoptar formas más conflictivas, por ejemplo, un problema de salud de uno de los miembros de la familia que pertenezca a otra religión puede ser visto como un ’castigo de Dios’ y el resto de la familia como ’adoradores del diablo’ 

Lo que se considera bueno y malo puede cambiar, o dichas concepciones adquirir un tono rígido y fatalista (la persona sólo es capaz de ver las cosas como completamente buenas o completamente malas). Así mismo la conciencia de ’pecado’ se transforma, pudiendo volver a la persona excesivamente culposa, inflexible, etc.

 

Ruptura de relaciones

La persona conversa adquiere nuevos valores, los cuales pueden entrar en conflicto con la familia, amigos, sociedad en general, en ocasiones la persona no logra comulgar su fe con las normas sociales y finalmente termina por romper sus relaciones.

 

Anhelo de convertir

A menudo la persona recién conversa se halla tan exaltada emocionalmente, tan feliz, que desearía que sus seres queridos y otras personas compartieran su felicidad, por tanto a menudo intenta compartir sus ideas y sentimientos con los demás, algunas veces con el propósito exprofeso de convertir a los demás. Esto puede suceder también porque así lo exige su culto.

 

 

Diferentes conflictos que suceden a la conversión

 

En la familia.

Difícilmente el núcleo familiar podrá aceptar la conversión de un miembro de la familia, esto sucede porque no lo comprenden, en sus ideas la solución es tratar de reconvertir a la persona a través de presión , de insistencia, de chantajes emocionales. La familia puede tratar de ‘castigar’ a la persona en cuestión y pensar que , en el caso de un hijo, se ha fracasado en su formación, generando culpa.

 

En el círculo social.

Los nuevos valores del converso generan nuevas conductas, actitudes y modo de vida; las personas alrededor probablemente no entenderán el drástico cambio de la persona, esto aún cuando se enteren que se debe a un cambio de religión. Ahora que no se comparten los mismos valores a la gente le resultará complicado entender los nuevos significados que para la persona ha adquirido lo bueno y lo malo, pudiendo parecerles su conducta absurda, contradictoria, irracional, insana, etc.

 

BIBLIOGRAFIA

 

d   Bockian M. J., Glenwick D., S., Bernstein D., P., The Applicability of the Stages of Change Model to Jewish Conversion – Research-, Department  of Psychology, Fordam University, International Journal for the Psychology of Religion, 15 (1), 35-50, 2005, Lawrence Erlbaum Associates, Inc. 

d   Covarrubias K., Una lectura a los procesos de conversión religiosa. La familia cristiana y su nuevo sentido ético e identario del mundo. -Familia y comunicación-, www.razonypalabra.org.mx/mcluhan/karla.htm, Generación McLuhan, primera edición especial, 1997.

d   James W., The Varieties of Religious Experience, (tr. Al castellano de Catherine Seeling, Las variedades de la experiencia religiosa -Estudio de la naturaleza humana-, Florida, Editorial Lectorum, 2005)

d   Kirkpatrick L.A., Granqvist P., Religious Conversion and Perceived Childhood Attachment: A Meta-analysis. International Journal for the Psychology of Religion, 2004, vol.14, no.4

d   Mahoney A., Pargament K. I., Sacred Changes: Spiritual Conversion and  Transformation, Bowling Green State University, Journal of Clinical Psychology, Quantum Change, 2004, vol. 60, no.5

d   Zinnbauer, B.,J., Pargament, K.,I., Spiritual Conversion: A Study of Religious Change Among College Students, Journal for the Scientific Study of Religion, 98,vol.37, Issue 1.

 



[1] Testimonio de conversión religiosa: “ Tuve el ardiente deseo de que toda la humanidad sintiera lo mismo que yo; deseaba que todo el mundo amara de una forma suprema a Dios. Anteriormente era muy egoísta e hipócrita, pero en esos momentos anhelaba el bienestar de toda la humanidad; era capaz de perdonar a mis peores enemigos de todo corazón y me sentía dispuesto a tolerar las burlas y mofas de cualquiera y aguantar cualquier cosa por Su amor, si fuera la única forma de convertir un alma”-Bradley, 14 años- citado en: James (2005)

[2] Con la siguiente frase queda perfectamente ejemplificado: “La necesidad del hombre es la oportunidad de Dios”

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